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El Jaime Guzmán que se olvidó. Por Álvaro Vergara

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08.04.2026

La derecha podría practicar la nostalgia de Guzmán para impregnar su acción de estas virtudes y así reducir el egocentrismo que la amenaza. Con su proyecto y sus verdaderos herederos en el poder, se necesita menos chillerío en el Congreso y más sofisticación en las formas por quienes se sienten representados por él.

El 1 de abril se cumplieron 35 años del asesinato del senador Jaime Guzmán. Con motivo de cada aniversario, se organizan homenajes en su memoria. Jóvenes y no tan jóvenes participan, reflexionan y recuerdan en esas instancias los hitos de la vida del fundador del gremialismo.

Guzmán suele ser recordado por su legado partidista y, en menor medida, por su producción intelectual. Sin embargo, ambas dimensiones forman una unidad y ha sido un error separarlas. En círculos políticos, se recurre a su figura como un referente de lo correcto y, luego, se repiten ideas que circulan de segunda mano en dichos entornos.

Es cierto que se han realizado esfuerzos notables, como la edición de sus obras completas o la preservación de su archivo por la Fundación Jaime Guzmán. Aunque adentrarse en sus escritos parece exigir una curiosidad intelectual poco común. La ausencia de esta disposición ha llevado a que muchos reivindiquen a Guzmán mientras libran batallas culturales poco sofisticadas, alejadas de lo que realmente representó.

Hay una dimensión en la que Jaime Guzmán destaca como intelectual (y también como político) de primera categoría: su capacidad, sutil y poco común, para desvelar misterios del espíritu humano. Allí radica una diferencia fundamental: Guzmán no fue un simple agitador. Practicó, a lo largo de toda su vida, una operación singular: se valía del impulso místico de la........

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