menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Gasolina

18 0
21.03.2026

21 de marzo 2026 - 03:08

El precio de la gasolina marca buena parte de las conversaciones de las últimas semanas en todo el país. La reciente escalada vinculada a la guerra de Estados Unidos e Israel sobre Irán no es una excepción. Apenas tiró Donald Trump la primera bomba sobre Teherán, las petroleras y comercializadoras reaccionaron con un -tristemente previsible- movimiento de especulación. Era gasolina que ya estaba producida y lista para servirse y que, por arte de la usura, pasó a costar 25 céntimos más en apenas una semana.

Irán ocupa una posición estratégica en el mercado energético mundial. No solo por su capacidad de producción, ya que es el tercer país con más reservas de crudo del mundo, sino por su influencia en rutas críticas como el estrecho de Ormuz, por donde transita un 20% del petróleo global. Cuando la estabilidad se pone en duda, los precios se disparan no tanto por una escasez real inmediata en los mercados, sino por el mero miedo a que esta se produzca.

El problema es que esta escalada de precios siempre perjudica a los de abajo. Mientras las grandes compañías energéticas se están llenando los bolsillos a manos llenas, ya se ven coches de lujo circulando a 100 por las autovías. Y más que eso, el encarecimiento de la gasolina arrastra al transporte, los alimentos y prácticamente a toda la economía. A primeros de marzo, una entidad bancaria anunciaba que se vería obligada a subir los tipos de interés de las hipotecas. Ya se sabe que por Ormuz navegan a diario notarios y escrituras…

La bajada de impuestos a la gasolina anunciada el viernes por el Gobierno no es suficiente. Porque generalmente esa bajada queda diluida en el precio a los pocos días. ¿O alguien recuerda que durante la guerra de Ucrania muchos productos básicos tuvieron el IVA al 0%? ¿Alguien es capaz de calcular cuánto ahorró? Yo tampoco.

Aunque la guerra parezca lejana geográficamente, cada bomba nos hace más pobres y más dependientes de los caprichos del millonario caprichoso que gobierna Estados Unidos.

Quizá la lección más evidente sea también la más ignorada: mientras no se diversifiquen las fuentes de energía y se apueste de forma decidida por alternativas más estables, como las renovables, seguiremos siendo rehenes de conflictos que no controlamos, pero que acabamos pagando.

También te puede interesar

Turbulencias en la casa de Abascal

Picasso, Rosalía y la beatería

La soga y el silencio

Mercado resiliente pese a los riesgos

El ejemplo de Conan O’Brien

No hay guerras a cuatro palabras

La guerra es de Trump y Netanyahu


© Europa Sur