La Kitchen que no existió
Nadie sabe nada, ni recuerda detalles. Es asombroso cómo la cúpula del Gobierno de Mariano Rajoy ha conseguido llegar al juicio en calidad de testigo, no imputados, si no tenían nada que aportar a la causa o constancia de ningún hecho. La última ha sido Soraya Sáenz de Santamaría, que ha despachado la cita con una batería de hasta quince negociaciones y la amnesia del “no me consta, no recuerdo”. La jefa política del Servicio de Inteligencia y entonces portavoz durante la operación parapolicial, no hizo “indagación” alguna. Javier Arenas, entonces senador y hoy portavoz interino —en la práctica el jefe del Grupo Popular en la Cámara Alta—, era amigo íntimo de Luis Bárcenas. Aquella amistad “desapareció” cuando se conoció la cuenta en Suiza, ha dicho. La realidad es que Arenas y Rajoy se reunieron con Bárcenas semanas después. No niega la grabación a Rajoy, pero, de haber existido, se hizo sin su conocimiento.
Rajoy se despachó con monosílabos y negó la operación parapolicial porque fue legal. “Bien dicho está” lo que dijera, ha dicho Sáenz de Santamaría. Por negar, el presidente niega hasta la razón de ser del propio juicio: de haber sido legal, no existiría la causa. La naturaleza de Kitchen está en la falta de paraguas judicial, como ocurrió en tantos informes fantasma de la operación Catalunya elaborados desde la misma unidad paralela de la Policía e Interior.........
