Destrucción
Un espectáculo de cinismo, un acto de prepotencia imperial y un desprecio absoluto, desacomplejado y desvergonzado por la identidad y la historia reciente de Catalunya. El numerito que ha montado Pedro Sánchez en Barcelona con su aquelarre de progres oxidados sería un acto más en su carrera de montar numeritos internacionales para hacer olvidar su incapacidad para gobernar su propio país y las miserias que acumula. Al fin y al cabo, su mago en la estafa y la distracción.
Pero hacer la cumbre en Barcelona para vender la capital catalana como altavoz de los pueblos —una vez ha sido domesticada, peinada y arreglada, después de las tentaciones independentistas— es el colmo de la poca vergüenza. Lo diré en palabras del president Puigdemont, que lo ha expresado con precisión en X: "En el país más apaleado por la 'democracia' española; en el país donde vive la gente más perseguida por el Estado profundo; en la ciudad donde se han producido durante años las manifestaciones pacíficas más grandes de toda la Unión Europea pidiendo independencia y democracia; en el único lugar donde España ha disuelto un Parlament a golpe de decreto y destituido a todo un Govern, encarcelado a activistas, manifestantes y líderes políticos y sociales... tienen la poca vergüenza de venir a pavonearse delante de unos cuantos líderes internacionales, todos de la misma cuerda, para hablarnos de democracia y progreso". Uno tras otro,........
