La verdad y la justicia en el Congreso
Que en todos los colectivos humanos existen buenas y malas personas y que en todo caso las personas pueden llevar a cabo acciones reprobables es una obviedad aplicable a políticos, jueces, empresarios y asalariados de cualquier sector. La tentación de corromperse aumenta en la medida en que lo hace la capacidad para ejercer algún tipo de poder, y por eso es fácil que quien nada puede hacer sea crítico en extremo con quienes sí pueden y lo hacen, salvo, por supuesto, que de algún modo los beneficie, pues, si se trata de colarse en el trámite del pasaporte, ¿quién, pudiendo, ha dicho que no? Pero si hablamos de lo mollar, reordenar expedientes administrativos para privilegiar algunos, o determinar medidas cautelares aplicables a investigados en un proceso, o ensañarse con un contribuyente, o acordar arbitrariamente la concesión de una ayuda o subvención pública, serían ejemplos de lo que, a lo grande, habrán sido tantos contratos para la compra de mascarillas para la pandemia, aunque el que implica a un ministro sea especialmente lastimoso. Pero no digo nada nuevo, pues, aunque........
