Estás bien hecha
Las imágenes en la alfombra roja de los Oscars de hoy serán los trastornos de la conducta alimentaria de mañana. Parece que adelgazar hasta mostrar los huesos, la “moda” en la que el ideal de belleza es el de estar tan delgada como sea posible, la “moda” que asoló los cerebros durante el principio de siglo, ha vuelto. Y ha vuelto en un contexto en el que niñas y chicas cada vez tienen acceso a la pantalla íntima, la del teléfono, en edades más tempranas. Es imposible que el bombardeo constante de imágenes no tenga efectos sobre la autopercepción en autoestimas que están aún por construir. O por descubrir. Escribo que es imposible porque a las mujeres adultas que nos hemos deslomado durante años para sanar la relación con nuestro cuerpo ya se nos hace muy difícil marcar distancias. El ideal y los patrones de belleza han existido siempre y han ido cambiando en función de unas preferencias inducidas por todos los factores que conforman un contexto. Ahora, sin embargo, hay una industria ganando millones de millones de duros a costa de hacernos creer que necesitamos perseguir un aspecto que el propio mercado se encarga de hacer que nunca podamos alcanzar del todo. Que cada vez sea más huidizo, más exclusivo, más imposible de satisfacer. O que, en cuanto a estar ultradelgada, que no podamos abrazarnos a ello completamente sin, como mínimo, poner en peligro nuestras vidas.
Hurgando inseguridades y creando nuevas, si es necesario, la rueda de un consumo que cada vez gira más deprisa se ofrece como la respuesta a la incomodidad de mirarnos al espejo y querer vernos de otra manera. Hay un entramado montado para hacernos creer que nuestras heridas interiores, las que cargamos nosotras con nosotras mismas, se pueden curar pagando unos labios nuevos, o unos........
