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El espejismo democrático

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23.09.2026

Una de las razones de fondo —una de tantas, pero capital— que explica el auge de la extrema derecha es la percepción de que el sistema democrático está roto. Que no cumple ninguna de sus promesas, porque los actores políticos que en él participan tampoco lo hacen. Que el poder político no reside verdaderamente en manos de los ciudadanos, porque, una vez cedido por medio del voto, la fiscalización efectiva se hace imposible hasta al cabo de cuatro años. El electorado se ve obligado a comprar grandes paquetes de ideas —que al final tampoco son ideas, son eslóganes superficiales cocinados para diferenciarse— bajo la consigna tóxica de que quien no participa no tiene derecho a manifestar su desencanto con la disfunción. Para muchos ciudadanos —catalanes, pero occidentales a grandes rasgos—, lo que debía ser el sistema menos malo, hoy es un sistema en el que las decisiones que tienen una incidencia palpable sobre la vida de los gobernados se toman al margen de su voluntad. A los ojos de los ciudadanos cansados y frustrados, la disfunción asociada al sistema democrático convierte a los actores políticos que reclaman más democracia en cómplices de la propia disfunción, en sospechosos de querer sacar provecho político y personal.

La extrema derecha recoge este desengaño y consigue vincular a los ciudadanos a su propuesta política, poniendo las disfunciones en cuestión en el centro de la conversación política, tachando de cómplices al resto de........

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