Un Barça al servicio de la Roja
Hace dos semanas, terminó un campeonato mundial de fútbol que, más allá del sujeto deportivo, ha sido un éxito económico. Récord histórico de ingresos, que incluyen no solo las entradas, la televisión, la publicidad, etcétera, sino otros conceptos innovadores, como vender trozos de césped del campo en el que se jugó la final, un detalle que me ha parecido el colmo de la mercantilización.
En Catalunya, el largo evento deportivo, y en particular la participación de la selección española, ha sido cubierto amplísimamente en programas de radio y televisión y en los medios escritos de mayor difusión (incluidos los catalanes) en unas proporciones e intensidad hasta la fecha desconocidas. Personalmente, esperaba que terminara pronto la competición, un poco harto de tanta omnipresencia futbolística en la calle, de tanta pasión mediática, de tanta camiseta alrededor de una selección que ni me va ni me viene, y toda la liturgia vinculada a once jugadores disfrazados de nación que corren detrás de un balón para meterlo en la portería del rival. Al final, la guinda del pastel: la victoria hispana. Pantallas gigantes y estallido patriótico con imágenes que hablan por sí solas, desde la demostración de Rodri toreando con una bandera española, la colcha españolista de Rosalía, la imagen de Felipe VI levantando el trofeo conseguido por sus súbditos y las multitudinarias celebraciones de afirmación nacional, todo bien cubierto por unos medios especialmente excitados por la fiebre rojigualda. Veremos qué queda de todo esto y, afortunadamente, el próximo mundial ahora queda a cuatro........
