La herencia
En la discusión por las herencias aparecen muchos vindicadores. En este caso, como el debate sobre la independencia ha pasado (lamentablemente) a segundo término, volvemos a hablar de los valores fundacionales y de las esencias. Me parece bien, pero es delicado: porque junto a los legítimos herederos —que deberán demostrar que lo son— también a veces aparece la figura de aquel que, cuando descubre que no figura en el testamento, decide quemar la masía y los campos. O pasarse al bandolerismo de camino real, o empujar al padre por un barranco. En este caso estamos hablando de principios seculares como la convivencia, sensatez y orden, que aparecen en boca tanto de Jordi Pujol, como de Salvador Illa, como de Junts o, recientemente, Aliança Catalana. Y esta conceptual lucha sucesoria es tan apasionante como, a la vez, peligrosa.
Incluso el 1-O, con el conflicto inherente que llevaba, respetó un modelo de casi perfecta convivencia donde se podía estar a favor del sí o del no (y venir de donde sea, y hablar cualquier lengua). Ahora hablamos (lamentablemente, insisto) de algo diferente: hablamos de los límites de la integración, de qué es ser catalán, de si la definición de Pujol todavía sirve y, en caso afirmativo (yo creo que sí), cómo actualizarla para el mundo de hoy. Y hacerlo sin perder el prestigio de país abierto, democrático y convivencial que busca, se supone que algún día, apoyos y........
