El negocio del Estado y sus participantes
Después de la muerte de Franco no hubo la ruptura democrática que tanto se había reivindicado en las calles porque los partidos políticos se conformaron con una reforma que imponía al monarca nombrado por el dictador y el mantenimiento de las estructuras de Estado preexistentes, especialmente los poderes militar, judicial, policial y financiero. Así que el principal cambio fue la legalización de los partidos políticos con un sistema electoral que ha mantenido la distribución del poder de arriba abajo y no al revés. Dicho de una manera más cruda: la Transición consistió en abrir el negocio del Estado a nuevos participantes.
Lo que ahora ha trascendido sobre cómo ha intentado ganarse la vida José Luis Rodríguez Zapatero después de haber sido presidente del Gobierno no debería sorprender demasiado, teniendo en cuenta los precedentes protagonizados por otros destacados miembros del mismo gremio. El sistema, las leyes, lo han permitido. Bueno, lo permiten hasta cierto punto, y más allá de ese punto ha existido una especie de tolerancia comúnmente aceptada. La prueba más evidente de este laisser-faire, laisser-passer la tenemos en lo más alto: el sistema permitió y ocultó la voracidad recaudatoria del rey Juan Carlos.
Sin ir más lejos, la subvención de 53 millones de euros a la compañía aérea Plus Ultra era tan escandalosa ahora como hace cinco años, pero entonces un juzgado de Madrid sentenció que todo era legal y correcto. Después la Audiencia Provincial lo ratificó y, aún más, el Tribunal de Cuentas cerró una investigación paralela al no apreciar perjuicio para los fondos públicos.
El caso Zapatero fue archivado por tres tribunales y se ha reabierto porque han intervenido potencias extranjeras, especialmente Francia, Suiza… y Estados........
