Primero el amor
El problema de los políticos catalanes, y hablo en general porque ni siquiera Aliança ha sabido reaccionar al asunto de las regularizaciones, es que no solo no creen que la independencia sea posible: tampoco creen que, como españoles, los catalanes tengamos los mismos derechos políticos y el mismo derecho a existir que los castellanos. Todo el mundo todavía está en el marco de los acuerdos de la Restauración de 1875, en que la clase dirigente barcelonesa aceptó mantener el país al margen de la política de Estado, a cambio de conservar el poder económico.
La supeditación de los catalanes a los intereses económicos de la burguesía, y la cultura política nefasta que tenemos, cada vez más autodestructiva, nacieron de aquel pacto. Ni las bombas, ni el pistolerismo, ni la guerra civil, ni el desarrollismo, ni los pactos del Majestic, ni siquiera el sonado fracaso del procés han servido para que el país se cuestionara las bases políticas del catalanismo. Todo el mundo parece secuestrado por la vieja burbuja cognitiva, incluso los castellanos, que están a punto de llevar a España al barranco otra vez empujados por las mentiras que nosotros mismos les contamos.
Si yo fuera el rey, estaría preocupado. En los últimos 150 años nunca había sido tan fácil volver a hacer el discurso que el general Prim pronunció en el Congreso poco antes de que Isabel II se marchara al exilio. Aquel discurso épico, en el que Prim preguntaba a los castellanos si los catalanes somos españoles o somos indígenas de una colonia, y si todavía tenemos que tener, por ley, los cuchillos atados a la mesa, vuelve a estar de actualidad. La Barcelona........
