El país secreto de Antoni Gaudí (6)
En verano siempre aprovecho para publicar borradores de los libros que tengo en marcha. Cuando vi a Laporta doblegándose a la propaganda colonial, a propósito del partido con Argentina, pensé que debía publicar este pasaje del libro sobre Gaudí que estoy escribiendo. La Iglesia fue la única institución catalana con capacidad de interlocución internacional que quedó después de 1714. Bajo el franquismo, después del exterminio perpetrado por franquistas y republicanos, el Barça asumió esta función. Ahora parece que los incendiarios van a por el Barça.
(…) La relación de Gaudí con el catolicismo —y después con el primitivismo cristiano— debe leerse en el marco del concordato entre España y el Vaticano que apenas se había empezado a aplicar cuando él nació. En 1852, la corona de Isabel II empezaba a tambalearse y la Santa Sede quería recuperar el poder que había perdido con las desamortizaciones. El acuerdo sacralizaba la unidad de España y daba a la Iglesia el control de la educación. Con el concordato, la identidad española quedaba ligada al prestigio de Roma, tanto en el aspecto político como espiritual.
Naturalmente, la caída de los Borbones y los experimentos de los catalanes al frente del Gobierno dejaron a la Iglesia en una posición difícil. Ni la casa de Saboya promovida por el general Prim ni los federalistas de la Primera República eran partidarios de ceder poder a Roma, más bien al contrario. Además, el crecimiento de las ciudades y la vida moderna empezaban a alejar a las familias de la religión. En el ámbito interior, la fuerza de Catalunya ponía en cuestión, por primera vez desde 1714, la preeminencia indiscutible de Castilla dentro de España.
La vuelta de los Borbones debía sostenerse sobre algún apoyo exterior, y más teniendo en cuenta que la dinastía volvía a España renegando de Isabel II. La inestabilidad del Sexenio Democrático —llamado revolucionario, por algunos— no habría tenido suficiente peso para consolidar la restauración de los Borbones sin la colaboración de Catalunya. El país había ganado demasiados espacios de poder para devolver a Barcelona al tiempo de la Ciutadella. Los catalanes podían ser expulsados de Madrid a base de magnicidios y de golpes de efecto quijotescos, como el golpe de Estado del general Pavía, que la prensa hizo entrar a caballo en el Congreso de los Diputados. Pero ya no se podía gobernar prescindiendo de Catalunya.
El efecto cultural de la Renaixença todavía era escaso —los primeros escritos de Gaudí son en castellano—, pero los Jocs Florals ya eran un fenómeno. Además, el anticlericalismo no significaba un rechazo de los valores cristianos en Catalunya; más bien era una forma de distinguirse del catolicismo castellano y de protegerse de la utilización que Madrid hacía de la religión para centralizar el poder. También era una manera de situarse en la modernidad junto a la ciencia, la industria y la cultura urbana.
Gaudí basculará hacia el cristianismo primitivo por los mismos motivos que Dalí abrazará la mística del dólar a medida que la duración del franquismo lo vaya estrangulando
Gaudí basculará hacia el cristianismo primitivo por los mismos motivos que Dalí abrazará la mística del dólar a medida que la duración del franquismo lo vaya estrangulando
Aunque parezca........
