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Votar a Laporta

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04.03.2026

La última vez que voté a un candidato sabiendo que no era la persona adecuada, fue Lluís Bassat. Esto fue en 2003, en las elecciones que ganó por sorpresa la candidatura capitaneada por Joan Laporta, y no, no lo hice por error, sino por ser fiel a quien había dado mi firma durante la precampaña. Y recuerdo estar introduciendo el voto en la urna, y ser consciente de que no era lo que necesitaba el club, porque Bassat no transmitía entusiasmo, al contrario, a diferencia de Joan Laporta y aquel grupo de insurgentes que prometían hacer una revolución dentro de un club que vivía anquilosado en el nuñismo, en el quicir y en el desconcierto. Por suerte, mi voto no decidió nada y Bassat perdió para volver a lo que sabe hacer sin dar palos de ciego.

También reconozco que voté a Bartomeu, deslumbrado por la Liga, la Copa y la Champions que ganó Luis Enrique semanas antes de celebrarse las elecciones, y todavía me hago cruces de mi ofuscación —catalanidad en estado puro, el peix al cove, la sensatez frente a la rauxa— cuando nada hacía predecir que el club acabaría hundido en un agujero económico como consecuencia de un presidente nacido para ser vicepresidente, y que pecó de mimar y consentir a unos futbolistas que hicieron del chantaje económico el pan nuestro de cada día. A Bartomeu le faltó mano dura, y la pandemia lo dejó a él y a todos sus futbolistas en paños menores, con un ignominioso final: los 8 goles que le endosó el Bayern de Múnich en las semifinales de la Champions celebrada en........

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