Perro Sánchez
No he votado ni votaré nunca a Pedro Sánchez. No soy socialista y no votaré nunca al líder de un partido que dio su consentimiento al 155. Y eso también va por Salvador Illa, por el PSC y por los partidos ecoequidistantes que se hicieron con la alcaldía de Barcelona empleando informes falsos contra Xavier Trias o con el voto de un partido oligárquico encabezado por esa triste figura política llamada Manuel Valls. A pesar de todo, guardo cierta admiración por Pedro Sánchez, llamado por la derecha "Perro Sánchez", alias que le honra, porque los perros son, a menudo, mucho más sensibles que algunas bestias políticas que gravitan por los hemisferios nostálgicos de la España autárquica.
Aunque considere a Pedro Sánchez un narcisista de manual, es destacable su valentía ante las políticas impuestas por el trumpismo internacional y su negativa a bendecir el genocidio que está perpetrando el gobierno expansionista de Netanyahu en los territorios de Gaza y Cisjordania. A menudo hablo con mis amigos italianos, antiguos votantes del PCI, Refundación Comunista o Cinque Stelle, desencantados de la política transalpina liderada por Meloni y donde malvive una progresía incapaz de rehacerse de la epidemia crónica que eyaculó el berlusconismo, y me explican la visión que tienen muchos italianos de Pedro Sánchez, a quien consideran el último baluarte de una izquierda europea que se está deshaciendo como un terrón de azúcar dentro de un café lleno de hollín. Y entiendo la mitificación que han hecho del líder de los socialistas, porque la distancia hace que se difuminen los poliedros irregulares de un........
