El club de los bárbaros
En la entrada de Barcelona están construyendo la última de las dos torres que, una vez terminadas, formarán parte del skyline de la ciudad. Se trata de dos patas poderosas a las que han bautizado con el nombre de Porta Diagonal y forman parte de los sueños majestuosos de José Elías, el empresario catalán que, como todo megalómano, quiere alcanzar la eternidad mediante estructuras que pretenden tocar la mano de Dios. Igual que el Adán de Michelangelo, pero cambiando el pincel por el ladrillo. O como hizo Donald Trump con la Trump Tower de Nueva York, tratando de pagarse el perdón de Dios con paredes pintadas de oro. Elías es un nuevo rico de manual, un self-made man que va por el mundo aleccionando y ejemplarizando —mirad de dónde vengo, adónde he llegado, adoradme—, y a menudo hace las típicas declaraciones de los que creen que el dinero da sabiduría. Se puede ser muy rico, pero culturalmente muy tonto, y Elías tiene una opinión de la lengua catalana que, con un poco de cultura y menos egocentrismo, no las haría. "El mundo va de dinero, no va de idiomas", declaró. Él cree que la utilización del catalán en el mundo empresarial es contraproducente para el negocio, pero lo que no sabe, inmerso en su realismo eliasíaco, es que si, como me explican, quiere llegar a ser presidente del Barça, tendrá que bajar del pedestal como lo hizo Núñez, candidato que tuvo que aceptar para sobrevivir que el Barça, antes de triunfante, era más que un club. Si no es así, Elías tendrá que llevar su megalomanía lejos del césped del Spotify Camp Nou.
José Elías sería un buen presidente del club de los........
