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Día de fiesta

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18.03.2026

Fue un día que me hizo sentir orgulloso de ser culé. Y 'orgullo' es una palabra que rehuyo, ya que se utiliza con demasiada alegría y se reparte indiscriminadamente, como las medallas de la Creu de Sant Jordi, premios que a menudo se han otorgado con tanta generosidad que ha convertido el metal de la medalla en chatarra.

Pero sí. Me sentí orgulloso de ser culé por poder participar en un día de fiesta electoral bajo el sol radiante de un domingo invernal, casi primaveral, rodeado de desconocidos a los que me une el amor por un club heredado, como se heredan las adversidades, las alegrías, las nostalgias, las promesas y, sobre todo, la memoria. La herencia viene de mi abuelo Joan —hombre de la generación de los Basora, César, Moreno, Kubala y Manchón—, y me convirtieron en feligrés mis padres, que coleccionaban cromos de Cruyff, Reixach, Marcial y Sotil, aunque mi madre me hablaba de un jugador llamado Martí Filosia. Siempre me decía que era guapo, y muy técnico, incluso un ilustrado en un mundo de iletrados, pero que le faltaba nervio. Y yo también coleccioné cromos de Cruyff y Neeskens y, sobre todo, de la Naranja Mecánica de Rinus Michels, pero tardé años y años en encontrar el cromo definitivo de mi colección, y fue Messi. Generacionalmente, era un cromo que no me correspondía, pero me hizo disfrutar del fútbol como un niño.

Durante muchos años, tuve como única religión el Barça, pero abandoné el........

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