Amigos, conocidos y otros
"Es normal que estéis juntos: él tiene un perro, a ti se te ha muerto el perro, tú tienes dos hijos, a él se le ha muerto un hijo". Creo que es la frase más poética que ha dicho nunca este prosista de las cosas banales. Al menos, dedicada a mí, ya que el del perro vivo y el hijo muerto era yo. Pensándolo bien, con amigos así, quién quiere tener enemigos.
A punto de cumplir seis décadas, no puedo quejarme de los amigos que todavía conservo. Amigos de vida que, como los matrimonios, me han sido fieles en todas las vicisitudes de nuestra amistad, y mira que a veces se lo he puesto bien difícil. Pero, a diferencia de otros, a mí me gustan los amigos para disfrutarlos, no para lucirlos, porque eso de coleccionar amistades para poder demostrar lo importante que eres es un síntoma de pobreza vital. A menudo, escucho a famosísimos que se pasan el día hablando de los amigos famosos que tienen para demostrar lo famosos que son; una ridiculez, ya que eso siempre me recuerda a los nuevos ricos, que siempre han soñado con la riqueza y, cuando la tienen, se comportan como impostados.
Con el amigo más antiguo que conservo, comparto una fotografía, uno junto al otro, dentro de un cochecito de bebé. Y a mi amigo del alma lo conocí a los 24 años, cuando ambos vivíamos en Nueva York, y me desbordó por una generosidad que solo había conocido en mi padre. Desde entonces, somos como hermanos —él en Ferrara, yo en Barcelona— y siempre que........
