"És quan dormo que hi veig clar"
Llevo un año arrastrando una bursitis en el hombro que no me deja dormir y estoy de una mala leche de mil demonios. En el centro de adicciones me reeducaron el sueño y volví a dormir como un niño de teta, con las horas redentoras precisas para afrontar el día siguiente con fuerza y un despertar con una sonrisa en los labios, tal como cuando creía que los Reyes Magos venían de Oriente y Papá Noel no era un invento de la Coca-Cola. Y en la placentera inconsciencia, volví a inventarme una vida con mi padre muerto y, más tarde, con mi hijo muerto, ambos soñados hasta situarlos tan lejos y tan cerca de mi añoranza. Pero mira por dónde que, por culpa de esta maldita bursitis, los sueños ahora van y vienen tan desmenuzados que me impiden localizar sanos y salvos a mi padre y a mi hijo, y me despierto agotado, incapaz de soportar mi condición de catalán cabreado.
De hecho, el hecho de ser catalán no me ayuda a superar la bursitis. Un catalán de los malos, quiero decir, de esos que todavía son independentistas a pesar de los políticos independentistas y gracias, sobre todo, a los políticos no independentistas, constitucionalistas, patriotas, hiperventilados de escroto u ovario a la diestra, o los que todavía reclaman la España de los pueblos intentando legitimar la España de siempre. Ser independentista a estas alturas de la película es como interpretar el papel de nativo americano, el popularmente llamado indio, en una película de John Ford. Por la melancolía que arrastramos los indepes residentes en la reserva india catalanohablante, seríamos los nativos protagonistas de Cheyenne Autumn, una maravillosa película........
