Todos dentro
Volver a ver un concilio de convergentes presidido por Jordi Pujol, para alguien como servidor (nacido a finales de los setenta del siglo pasado), tiene la gracia de poder revivir alguna de las llamadas del grandísimo Josep Maria Bachs, perpetradas con un teléfono estrafalario en forma de espantamoscas o de zanahoria —"¡y dos números más!"—, o todavía otros hitos culturales más subidos de tono como aquella escena lírico-incestuosa en la que Mateu Montsolís y su hermana Eulàlia se inmolaban medio abrazados en una barca. La mayoría de los retoños de la actual Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), autores de un homenaje al president 126 el pasado sábado en Planoles, no deben saber de qué demonios hablo; ni puñetera falta que hace, porque sus padres ya les deben haber cantado las glorias del pujolismo, un tiempo donde todos vivíamos alegres en la próspera Catalunya de los seis millones, con el Molt Honorable inaugurando algo cada día y, sobre todo, acumulando mayorías absolutas.
Hacía gracia, en efecto, ver a toda esta chiquillería encantada de poderse retratar con el abuelo del invento, salpimentada con las imágenes de Oriol abrazándose con Quim y Jordi, reviviendo aquellos........
