Primero la técnica, después el amor
En cualquier situación de la vida, pensar que el amor debe anteponerse a la técnica solo puede llevar a consecuencias auténticamente funestas. Si esta premisa terrible la aplicamos al universo de los colectivos y de las naciones, la catástrofe resulta tan segura como abominable. Los catalanes somos un pueblo consuetudinariamente mesurado y digno, pero a menudo pecamos de un sentimentalismo nauseabundo; nos pasa con Gaudí y tantas otras cosas, porque mira que hay que ser estúpido (lo diga nuestro genio de la arquitectura o quienquiera) para creer que una mona de Pascua como la Sagrada Família, o incluso una simple barraca de playa, puede edificarse apelando al carácter voluble del furor emocional. Esto que llamamos amor, mal que nos pese, es uno de los fundamentos más chaqueteros de la existencia humana y cualquier decisión existencial basada en la avenencia está destinada a derribar los campanarios más altos.
Si alguien tiene toneladas de amor pero no tiene ni la más reputa idea de cómo urdir contrafuertes..., ya puede amar, que solo podrá coleccionar ruinas
Si alguien tiene toneladas de amor pero no tiene ni la más reputa idea de cómo urdir contrafuertes..., ya puede amar, que solo podrá coleccionar ruinas
En el libro sexto de la........
