El precio de ser independentista
Si alguna lección aprendimos del procés es la certeza de que nuestros adorables enemigos estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para mantener la unidad de España intacta, incluyendo mearse en sus propias leyes. Esto va desde activar las alcantarillas del deep state hasta encarcelar a un grupo de embaucadores soñadores como si hubieran sido los autores de una insurrección violenta. Por otro lado, si algo hemos aprendido del postprocés es que —a pesar de su carácter eminentemente represor— el Estado no puede prescindir de Catalunya y de sus políticos. Lo evidencia el colaboracionismo de los "nuestros" en la aplicación del artículo 155 (aparte de los famosos piolines, para reanimar de nuevo la autonomía, los españoles desembarcaron en la Generalitat con solo tres o cuatro funcionarios ociosos) y también el hecho de que, para no asustar al Olimpo de la Unión Europea, Pedro Sánchez se viera obligado a tragarse una amnistía que todavía tiene a nuestros líderes con el culo muy hipotecado.
Ahora que todo esto está más que claro, dado que la pax socialista del "govern de tothom" no acaba de tener éxito, el independentismo no solo se encuentra en plena fase de reorganización, sino que contempla atónito experimentos como la vía Rufián, el enésimo ale-hop nacido en Catalunya para salvar a los españoles de la derecha cavernaria. En este compás de espera hasta la nueva hegemonía parlamentaria y........
