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Poco estamos hablando del escándalo de las VPO en Alicante

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02.03.2026

Entre las muchas cosas que llaman la atención del escándalo de las VPO en Alicante, quizá la que más sea el momento en el que la ya exconcejal de Urbanismo, Rocío Gómez, se sentó en su despecho, se cruzó de brazos y pensó: “Oye, pues me voy con una vivienda pública, este recurso escaso —en Alicante, de hecho, es la primera promoción en 20 años— que existe para quienes no tienen alternativa posible, porque nadie va a sospechar de que me caiga una a mí. Y a mis suegros otra”. En qué pliegue de conciencia una persona que ocupa un cargo público comienza a convencerse a sí misma de que puede urdir una trampa tan obscena, cuándo se cruza esa última frontera en la que el pudor deja de ser un freno en la política. Hay algo casi fascinante —en el peor sentido de la palabra, claro— en esa fe ciega en la impunidad que tienen algunos políticos y sus allegados.

Pero claro, el escándalo ha ido sumando capítulos, cada cual peor que el anterior, y ya lo de la concejala casi que ha quedado en un segundo plano. Los compañeros de Información —que están haciendo un trabajo excelente— publicaban hace unos días el vídeo de la lujosa reforma de unos pisos que, también casualmente, fue a parar a manos de un hijo de una concejala del PP de San Vicente. “Esta era una simple de vivienda de promoción sin alma y hoy respira un carácter propio”, dice el diseñador, que apunta que ahora el pisito además de carácter propio tiene aspecto neoclásico luminoso, todo muy beige y de catálogo de revista. 


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