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El silbato, el hueso y el perro del PP

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18.02.2026

Imagino que ya estáis familiarizados con la idea del “dog whistle” o “silbato de perros”: es la estrategia por la que un político lanza en público un mensaje que contiene en su interior un segundo nivel de lectura; un mensaje en clave que solo llega a sus potenciales votantes, sin que el resto se entere. Como el silbato de perros, que emite sonido en una frecuencia que los humanos no recibimos pero los perros oyen perfectamente. Suele asociarse a partidos de ultraderecha, que en sus discursos incluyen ciertas referencias culturales -de tipo racista sobre todo- que solo pilla su electorado potencial, a veces en un plano subliminal, y que sirve para reforzar su vínculo.

Entre nosotros, Vox usa el silbato a menudo, pero en una versión muy poco sofisticada, nada discreta. Es más bien una bocina, que todos oímos, y que supongo excita más a quienes comparten su visión del mundo. El último bocinazo ha sido el debate sobre el burka. Aparentemente es un tema propicio para el “dog whistle”: apela a la libertad y la dignidad de las mujeres, y contra el islamismo radical, dos puntos en los que la mayoría podríamos estar de acuerdo sin escandalizarnos. Pero Vox lo hace mediante bocinazo, con brocha gorda y sin disimular su fondo islamófobo y xenófobo, de modo que todos lo pillamos: no le importan las mujeres oprimidas, sino criminalizar a los inmigrantes. Mensaje recibido.


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