Un Brasil para contarlo
La gran nube se partió en dos y dejó ver, claramente, el cristo de Corcovado iluminado sobre la cima del cerro homónimo, como una aparición. Me sobrecogió aquella imagen de la escultura religiosa que ya había visitado hacía casi veinte años, porque la gran nube –un cumulonimbo– no se había esfumado, simplemente se había resquebrajado en torno a la enorme silueta, pero seguía espumosa sobre la base de la colina, de manera que el Redentor parecía estar flotando. A su lado, la Ladera de los Tabajaras........
