Cuando la escuela deja de ser un espacio seguro
Abrí el periódico como lo hago todas las mañanas. Café en mano. Rutina automática. La nota decía: una niña de tres años llega a su casa con dolores físicos. Sus papás la llevaron al médico. El diagnóstico: una enfermedad de transmisión sexual. Tres años.
Después vino la investigación: una maestra de kínder, frente a un grupo de niños de tres y cuatro años, utilizaba un “juego” para abusar sexualmente de sus alumnos. Punto.
Eso ocurrió dentro de una escuela. No en la calle. No en un espacio controlado por el crimen organizado. No en la clandestinidad. En un salón de clases.
Y cuando el abuso ocurre dentro del sistema educativo público, la discusión no puede limitarse a encontrar a un culpable. La pregunta obligada es otra: ¿qué falló para que esa persona llegara ahí?
¿Dónde estuvieron los filtros? ¿Quién supervisó? ¿Qué........
