El fracking y la “desandynización” del gobierno
La semana pasada dos decisiones apuntaron a que por fin, tras más de un año de fuerte dependencia y sumisión a las políticas de su antecesor, la presidenta Claudia Sheinbaum empieza a mandar señales de autonomía y a revertir algunas de las herencias y definiciones que le impuso Andrés Manuel López Obrador.
La primera y más visible muestra de que la doctora empieza a delinear su propio ejercicio de gobierno, fue el anuncio de que el gobierno mexicano volvería a autorizar la técnica del fracking para extraer del subsuelo nacional el gas de lutitas o gas natural como una forma de aligerar la dependencia del gas estadounidense que en esto momento es del 75% del consumo nacional de ese combustible, tanto para el consumo doméstico como para la industria nacional.
La decisión, que representa un giro de 180 grados en la política energética de López Obrador, que prohibió bajo argumentos de “daño ambiental” la perforación del subsuelo para extraer gas, fue explicada y justificada por la presidenta bajo el argumento de que ayudaría a reducir la enorme dependencia de gas extranjero y, para justificar lo que en esencia es un retorno a una parte de la reforma energética del expresidente Enrique Peña Nieto, que permitía la fracturación hidráulica o fracking para la extracción de gas y petróleo del subsuelo, algo que fue revertido después por López Obrador.
Y para justificar su reversa a una parte de la contrarreforma energética de AMLO, la presidenta explicó que se trata de utilizar “nuevas técnicas de fracking” que ya no dañan el ambiente. “Las nuevas tecnologías, las nuevas técnicas. Por eso yo dije el fracking tradicional ese no, porque ese sí tiene impactos ambientales muy graves, pero hay nuevas técnicas que nos abren la posibilidad de que el agua sea reciclada, que no se usen químicos tan potentes, que son difíciles de reciclar, hay nuevas tecnologías y hay que estar abiertos a estas nuevas tecnologías para fortalecer la soberanía nacional”, precisó la mandataria.
Pero en los hechos, el regreso al fracking no deja de tener una interpretación política y, aunque no lo diga ni lo dirá nunca, la decisión sí apunta a un fractura y una primera toma de distancia de la doctora Sheinbaum hacia políticas del sexenio obradorista, ya sea por decisión propia o también porque en las negociaciones del TMEC el gobierno de Donald Trump sigue presionando para revertir políticas energéticas y de otro tipo que se tomaron más por razones........
