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Campañas de papel

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12.03.2026

Tomar el transporte público no debería ser un acto de valentía. Sin embargo, para millones de mujeres en América Latina, el simple hecho de ir al trabajo o regresar a casa se ha convertido en un ejercicio cotidiano de supervivencia. Frente a una realidad que muchas hemos vivido en carne propia, las respuestas institucionales suelen caer en un patrón frustrante de lanzar campañas pedagógicas y de sensibilización bajo la premisa, bastante ingenua, de que el acoso sexual, los tocamientos no consentidos y el exhibicionismo son producto de la ignorancia.

Como si un agresor que realiza actos de índole sexual contra una mujer en un autobús repleto de gente fuera a detenerse a reflexionar por leer un cartel o a desarrollar repentinamente empatía tras escuchar un mensaje institucional. La violencia sexual en el transporte público no es un problema de falta de información; es un problema de impunidad, de ausencia de control y, sobre todo, de una tolerancia social que durante demasiado tiempo ha normalizado lo inaceptable.

Esta visión no solo peca de inocente, sino que nos revictimiza. Las campañas que no vienen acompañadas de acciones concretas, de inversión real en seguridad y de consecuencias penales contundentes solo son campañas de papel, porque crean una ilusión de seguridad que se desvanece en cuanto pisamos la estación, burlándose del sufrimiento diario que padecemos y eximiendo a las empresas de transporte de su verdadera responsabilidad, la cual es, garantizarnos espacios seguros.

Miremos el caso de Cartagena. El sistema de transporte masivo, Transcaribe, lanzó con bombos y platillos la campaña “Ella se mueve segura” como su gran herramienta para eliminar las violencias contra nosotras. La iniciativa se centró en acciones de tipo pedagógico, la divulgación de un “Protocolo Púrpura” y la creación de un “muro de las usuarias” para impulsar nuestro empoderamiento. Suena bien en el papel, pero la realidad operativa del sistema nos cuenta una historia muy distinta y mucho más cruda.

El 2 de marzo de 2026, Gabriela Linares Chamorro, una joven de apenas 18 años, denunció haber sido víctima de acoso sexual a bordo de un vehículo de la ruta X102 de Transcaribe. Y si se preguntan qué pasó con el agresor, pues este tranquilamente se bajó en la estación Martínez Martelo,........

© El Universal