La memoria en tiempos de Mundial
El Mundial tiene una extraña capacidad para hacernos creer en un país que no siempre existe. Durante noventa minutos parece cierto que el talento puede más que el origen, que importa poco dónde naciste, cuánto dinero tenían tus padres o qué contactos heredaste. En la cancha cuentan otras cosas: la disciplina, la capacidad de competir bajo presión y el trabajo acumulado durante años. Quizá por eso el futbol despierta emociones que pocas actividades logran generar. No sólo celebramos un gol; celebramos una idea, celebramos la posibilidad de que el mérito encuentre su recompensa.
Es una idea poderosa y profundamente atractiva en un país que ha pasado décadas discutiendo desigualdad, movilidad social y acceso a oportunidades. Por eso no sorprende que las victorias de la selección provoquen celebraciones masivas. Durante unas horas, millones de personas encontramos un motivo común de alegría. En tiempos de polarización, desconfianza institucional y desencanto público, esa experiencia compartida tiene un valor difícil de ignorar.
Sin embargo, mientras miles de personas festejaban el triunfo de México en el Zócalo, una escena llamó la atención por razones muy distintas en la glorieta del Ángel de la Independencia. Algunos jóvenes utilizaron para cubrirse de la lluvia mantas colocadas por colectivos de familiares de personas desaparecidas que se habían manifestado previo a la........
