La Montaña que el Estado volvió a abandonar
En 2020 caminamos Emilio Álvarez Icaza, Julián LeBarón y yo por Chilapa, junto con comunidades indígenas que vivían entre el miedo, la rabia y la dignidad. Fuimos por invitación de un líder comunitario para marchar por la paz, con familias que no pedían privilegios ni discursos, pedían lo más básico que un mexicano puede pedir: que no las mataran, que no les desaparecieran a sus hijos, que no las obligaran a huir.
Esta semana le escribí a Aureliano, la persona que nos convocó entonces. Me respondió: “Estamos bien... bien indignados, bien encabronados y bien decididos a continuar esta defensa de nuestras familias y de las víctimas de la narcoviolencia provocada por Los Ardillos”. Luego agregó, “ayer firmaron o renegociaron el narcopacto entre gobierno estatal, federal y narcodelincuentes, pero lo disfrazan de acuerdos por la paz”.
Esa frase resume la tragedia de La Montaña de Guerrero. Las comunidades saben quién las agrede, quién simula protegerlas y quién administra la violencia en lugar de........
