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Primero la cárcel, después las pruebas

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Durante décadas, México fue un país donde las elecciones se celebraban, pero el poder no cambiaba de manos. Cuando Ernesto Ruffo se convirtió en el primer gobernador de oposición, su triunfo significó mucho más que la victoria de un partido demostrando que era posible derrotar en las urnas al partido-gobierno y abrir una puerta a la transición democrática.

Esa trayectoria no le concede inmunidad. Si existen indicios de que Ruffo participó en un delito, deben investigarse a fondo. Sin embargo, tampoco puede ser condenado por su nombre, por su condición de accionista o por una acusación que no establezca con claridad qué conducta ilícita se le atribuye. La democracia que ayudó a construir exige para él lo mismo que para cualquier persona: una investigación seria, una defensa efectiva y que no se le castigue con inferencias donde deberían existir pruebas concretas sobre su participación en la comisión de un delito grave.

El Código Nacional de Procedimientos........

© El Universal