Cambio demográfico y educación
Durante décadas, el gran desafío del sistema educativo colombiano fue atender a una población escolar en expansión. Cada año llegaban más niños a las aulas, lo que obligaba a construir colegios y contratar más maestros. Hoy la realidad es distinta. Cada vez nacen menos niños y, como consecuencia, el número de estudiantes está empezando a disminuir.
Las cifras son claras. Entre 2010 y 2024, la matrícula en educación Preescolar, Básica y Media se redujo en cerca de 1,5 millones de estudiantes, y las proyecciones de población indican que esta tendencia se acelerará las próximas décadas. Cada año habrá menos niños en edad escolar.
Este cambio demográfico tiene efectos importantes para las finanzas del sistema educativo. En Colombia la educación se financia principalmente a través del Sistema General de Participaciones (SGP), cuyos recursos se distribuyen teniendo en cuenta el número de estudiantes matriculados. Si la asignación por estudiante se mantuviera constante en términos reales, el gasto del SGP en educación podría reducirse de forma significativa como porcentaje del PIB hacia 2050.
Las palabras crean realidad
De mantenerse el esquema de asignación, en muchos territorios, especialmente aquellos con baja densidad poblacional o con mayores costos de prestación del servicio educativo, esta caída podría generar riesgos de desfinanciamiento.
No obstante, la transición demográfica también abre una oportunidad histórica. Si el país mantiene el esfuerzo fiscal en el sector, la reducción de la matrícula permitiría aumentar la inversión por estudiante, fortalecer la formación docente y ampliar la cobertura en aquellos niveles donde aún existen brechas importantes, como la educación inicial y la media.
Por ejemplo, la cobertura neta actual en Transición apenas supera el 60%, y en la educación Media menos de la mitad de los jóvenes en la edad correspondiente están matriculados. Esto significa que cientos de miles de niños y adolescentes siguen por fuera del sistema educativo. El cambio demográfico podría facilitar cerrar estas brechas sin requerir aumentos sustanciales en el gasto total.
Al mismo tiempo, el sistema educativo deberá adaptarse al cambio tecnológico. La expansión de la inteligencia artificial y de nuevas herramientas digitales está modificando la forma en que se aprende y se enseña, lo que refuerza la importancia de invertir más en formación docente e innovación pedagógica. El desafío es entonces de política pública. Colombia necesita anticiparse a los efectos del cambio demográfico y aprovechar esta nueva realidad para fortalecer la calidad del sistema educativo. La pregunta no es cuántos estudiantes habrá, sino qué tan buena será su educación.
Para más información sobre el impacto fiscal del cambio demográfico sobre la educación en Colombia, los invito a leer el Borrador de Economía N° 1344 en el portal del Banco de la República (www.banrep.gov.co).
