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Abatir o ejecutar: La línea que no podemos normalizar

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01.03.2026

El fin de semana pasado la conversación pública se volcó sobre el operativo llevado a cabo por las fuerzas armadas mexicanas que culminó con el abatimiento de Nemesio Oseguera, “El Mencho”. Para muchas personas fue presentado como una victoria heroica del Estado mexicano en su “lucha” contra el crimen organizado, una guerra que parece no tener final.

Pero más allá del impacto mediático y de la narrativa de triunfo, en términos de verdad, justicia y reparación el escenario deja preguntas profundas.

En los últimos años, México ha sido objeto de seguimiento por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por casos de desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales atribuibles a elementos de fuerzas de seguridad. En distintos informes se ha advertido que, aunque el Estado ha presentado información general, persiste una falta de datos actualizados y de medidas específicas en casos de privación de la vida por agentes estatales. Varias recomendaciones siguen pendientes de cumplimiento.

No es menor detenernos en el lenguaje. La palabra abatir implica hacer caer o descender algo. En contextos militares o policiales suele emplearse como un eufemismo de “matar”. El término suaviza la acción, la envuelve en una narrativa técnica o estratégica. Sin embargo, entre hablar de una persona “abatida” y la posibilidad de una ejecución extrajudicial existe una línea jurídica extremadamente delicada.

Las ejecuciones........

© El Universal