Si viese la repetición de la “mañanera”
No hay terapia para gobernantes. Lo que hay es una amplia literatura sobre los espejos de virtudes, vidas paralelas y, por supuesto, memorias y consejos de viejos reyes y modernos estadistas. En ellas se comenta y discute lo que pudieron haber hecho y no hicieron, lo que debieron haber visto y no vieron, o lo que pudieron haber cambiado y obstinados como estaban por los pequeños diablillos que nos distraen en la vida cotidiana, se negaron a reparar en ello.
Cuando veo a la presidenta en su “mañanera” me parece que podría fácilmente, una vez a la semana, proyectar el ejercicio en una sala de reunión y analizar con aquellos a los que les tuviese confianza el contenido. Nada es más difícil que decirle al poderoso lo que no quiere oír. Todos cultivamos el arte de la prudencia en nuestras relaciones laborales, por eso el arte del disimulo nos lleva a oscurecer nuestras palabras, cosa abundante en el análisis y el discurso........
