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Habla también el marino

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22.09.2026

Para quien nunca ha servido a bordo de un buque de guerra, puede parecer que un barco es simplemente una estructura de acero capaz de navegar. Para un marino, no lo es.

Un buque de guerra es mucho más que acero, máquinas, radares, armas y compartimentos. Es una parte de la soberanía nacional que se hace a la mar. Es la bandera de Colombia ondeando lejos de nuestras costas. Es la responsabilidad de una tripulación que sabe que, llegado el momento, puede tener que defender al país. Es también el resultado de años de preparación, disciplina, sacrificio y tradición naval.

Por eso, para un marino resulta difícil imaginar que un buque concebido, construido y tripulado para defender la soberanía pueda terminar convertido en una cárcel flotante. No porque los delincuentes no deban ser aislados. Deben serlo. No porque el Estado no deba emplear todos los medios legales para impedir que los grandes capos continúen manejando sus organizaciones desde prisión. Debe hacerlo.

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Sino porque existe una diferencia profunda entre utilizar un buque para una operación de seguridad marítima y convertirlo en una instalación penitenciaria.

Cuando un buque de guerra sale a navegar, su misión tiene un sentido. Está allí para ejercer presencia, vigilar, disuadir, proteger nuestros mares y nuestros recursos naturales y, si las circunstancias lo exigen, combatir.

Un marino mira ese buque y ve en él una historia. Ve generaciones de hombres y mujeres que aprendieron a navegar en sus cubiertas. Ve noches de guardia, mares difíciles, amaneceres en alta mar, ejercicios, maniobras y largas ausencias de la familia. Ve la tradición de una institución que durante generaciones ha llevado la bandera colombiana por nuestros mares.

Por eso, ver un buque de la Armada transformado en cárcel produciría en muchos marinos algo más profundo que una simple discrepancia administrativa: produciría la sensación de que se está desdibujando aquello para lo cual ese buque fue concebido y para lo cual ha recibido una educación y entrenamiento.

La Armada tiene muchas misiones que cumplir y muchas amenazas que enfrentar.

Nuestros mares no están vacíos de problemas. Allí están el narcotráfico, la pesca ilegal, el contrabando, la explotación ilícita de los recursos, la protección del medio marino, la seguridad de nuestras costas y la necesidad permanente de ejercer presencia soberana en un territorio marítimo inmenso.

Colombia necesita que sus buques estén navegando. Necesita que sus tripulaciones estén entrenadas. Necesita que su Armada conserve y fortalezca su capacidad operacional. Necesita una Marina que mire hacia el mar y no hacia las celdas.

Un buque de guerra debe inspirar respeto por la bandera que lleva, no convertirse en el lugar donde se guardan quienes........

© El Universal