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Londresgate: ¿uso o abuso?

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22.04.2026

Por azares de la vida, poseo algún conocimiento del tema de las residencias de los jefes de misión en el exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Mi primera experiencia se remonta a 1962; viví durante tres años en la casa de Maadi, en El Cairo, cuando mi padre fue embajador en Egipto. Lo visité después en numerosas ocasiones, pernoctando (en la jerga del supuestamente extinto EMP) varias noches en Ginebra y en París, hasta 1988. Tuve la misma suerte cuando me acogió mi hermano, en las residencias de Ginebra, también, Suecia y Londres, donde probablemente ocupé la misma recámara que el hijo de quien fuera canciller hace poco. Como canciller, yo mismo abusé de la hospitalidad de nuestros embajadores en Portugal y en Egipto, durante varios días.

De la experiencia de mi padre como secretario, de mi hermano como subsecretario (del ramo) y mía como secretario, puedo compartir algunas enseñanzas. No recuerdo ningún caso en que cualquiera de los tres haya solicitado a —o aceptado la invitación de— un titular de adscripción de albergar a hijos, hermanos, padres o nietos. Tampoco recuerdo escándalo alguno afectando a los otros........

© El Universal