Reflexiones del 9 de abril
El 9 de abril del 1948, día para no olvidar, fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, un notable líder popular liberal que no pertenecía a las élites de tradicionales familias de políticos; sus denuncias atraían multitudes que anhelaban una vida mejor.
Este hecho marcó el inicio del periodo histórico denominado “La Violencia Bipartidista (1948-1958)”, entre los partidos Liberal y Conservador, que se tradujo en una ola de violencia con horribles crímenes, llena de sevicia y odios.
Colombia se detiene cada 9 de abril para reflexionar sobre las cicatrices que el conflicto armado ha dejado en su territorio, esta fecha, establecida por el artículo 142 la Ley 1448 de 2011, Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las víctimas.
Lo que hemos dejado de cuestionar
En el año 2024, la normativa fue actualizada mediante la Ley 2421, que extendió su vigencia hasta 2031 y fortaleció aspectos como el enfoque de derechos humanos, la participación activa de las víctimas y la articulación institucional del Estado.
Nace ahí el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.
Colombia cuenta con más de 10 millones de víctimas del conflicto armado, historias de vida marcadas por la resiliencia, el 9 de abril es el día en que esas voces exigen un mundo justo y la defensa irrenunciable de los derechos humanos. Las causas del conflicto armado están identificadas, la política de los de partidos de ultraderecha, lucha del control del territorio, narcotráfico, desigualdad social, corrupción, politiquería, impunidad, la pobreza y la falta de oportunidades.
Recordamos el valioso papel histórico del movimiento sindical y de la clase trabajadora, cuyo esfuerzo ha estado orientado hacia la lucha por la justicia, la igualdad y el respeto sin excepción de los derechos humanos.
Convocamos a la ciudadanía y exhortamos a solidarizarse, a reconocer la historia de violencia para prevenir su repetición, a poner en el centro a las víctimas del conflicto armado, como quedó establecidos en los acuerdos de paz del 2016.
Seguimos acompañando a familiares de víctimas, a las madres de Soacha, a las Cuchas, que sí tienen razón y miles de familiares que aún siguen esperando exhumación, identificación de cuerpos, la entrega digna y el reencuentro de familias.
Exigimos justicia, reparación colectiva y garantías de no repetición de la violencia sindical, seguimos luchando por la reparación integral de víctimas y la construcción de un país en el que la clase trabajadora sea respetada, reconocida y valorada.
