Matar a Buda
La persistencia coercitiva de fronteras como expresión obsoleta del orden para un mundo globalizado e interdependiente, conexo a ultranza en la virtualidad y embargado por la lógica transaccional, es un sinsentido a la luz de las hecatombes naturales y humanas que enfrenta la colectividad. De poco servirá guarecerse del inexorable ascenso de las aguas tras patrias, arsenales o posturas ideológicas. La artificialidad de nuestras leyes, soberanías y secesiones sucesivas —incluidas las religiosas— invalida su idoneidad como soluciones pragmáticas y eficaces a las crisis reales que se avecinan. Las castas dominantes, emprendiendo una lucha fagocitaria por los últimos recursos, tienden a la instauración........
