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El mundo no está hecho de datos

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12.04.2026

Llevo años construyendo métricas. Tomo un fenómeno complejo y lo reduzco a un número. Ese número captura algo real. También deja mucho afuera. Lo sé cuando lo construyo. Y aun así, lo construyo.

Esa tensión es el punto de partida de esta columna.

Vivimos convencidos de que los datos describen el mundo. Que medir bien equivale a entender bien. Es una convicción cómoda y, como toda convicción cómoda, merece sospecha.

¡Menos política electoral!

Pensemos en algo simple: la temperatura. Cuando vemos que hoy hizo 30 grados en la ciudad, creemos acceder a un hecho indiscutible. Pero ese número es ya una interpretación: un promedio, tomado en un punto específico, bajo condiciones específicas, en un instante que ya pasó. No captura el calor en la sombra, ni la brisa ocasional, ni la diferencia entre caminar bajo el sol o esperar bajo un techo. El dato es útil —no lo estoy descartando— pero no es el fenómeno. Es una proyección del fenómeno sobre un eje que nosotros elegimos.

Esa elección es la parte que olvidamos.

Cada dato es el resultado de una cadena de decisiones invisibles: qué medir, cómo medirlo, en qué momento y, quizás lo más importante, qué dejar por fuera. No hay medición neutra. Y cuando una plataforma mide “interacción”, no está midiendo interés humano —eso sería demasiado escurridizo— sino clics y tiempos de permanencia. Esas variables son optimizables. Y por eso terminan siendo las que importan: no porque sean las más relevantes, sino porque son las que caben en el modelo.

Ahí está el problema real: no que los datos mientan, sino que el mundo empieza a parecerse cada vez más a lo que podemos medir.

Los datos se parecen más a un lenguaje que a un espejo. Y como todo lenguaje, no solo describen: también recortan, traducen, enfatizan ciertas cosas y silencian otras. El problema no es el lenguaje. Es creer que hablar ya es ver.

Cuando confundimos la representación con la realidad, dejamos de cuestionar lo que no está siendo medido. Lo que no cabe en ninguna variable queda fuera del análisis, y con el tiempo, fuera del mundo.

La pregunta útil no es solo ¿son correctos estos datos?, sino ¿qué parte de la realidad no está capturando esta representación?

Porque el mundo no está hecho de datos. Está hecho de todo aquello que los datos intentan capturar y no logran del todo. Esa brecha no es un error técnico que resolveremos con mejores instrumentos y métodos. Es la condición permanente de cualquier esfuerzo por conocer.

La pregunta no es si podemos cerrarla. Es si somos lo suficientemente honestos para no fingir que ya lo hicimos. Yo sigo construyendo métricas. Pero trato de no olvidar lo que le cuesta al mundo ser reducido a ellas.

*Director del programa de Ciencia de Datos en la Escuela de Transformación Digital de la Universidad Tecnológica de Bolívar.


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