Antes del diploma, estuvieron ellos
Antes del diploma, estuvieron ellos
Hay profesores que uno recuerda por lo que enseñaron. Y hay otros —quizás la mayoría de los que realmente dejan huella— que permanecen en la memoria por cómo hicieron sentir a sus estudiantes. A veces por la ternura, otras por la exigencia, por el regaño oportuno, por una frase repetida hasta el cansancio, por una risa colectiva en medio de una clase o incluso por ese temor respetuoso que imponían cuando entraban al salón. La memoria escolar, curiosamente, suele estar más atravesada por la emocionalidad que por las notas del boletín.
Con los años, uno entiende que todos, en medio de la rutina de clases, tareas, evaluaciones y reuniones de padres, trataron de cumplir con su rol. Algunos conectaron más que otros pero todos, de alguna manera, hicieron parte de esa construcción silenciosa que termina siendo la formación de una vida.
Quizá por las mismas dinámicas de la memoria autobiográfica —que suele recordar más lo extraordinario, lo lúdico o lo emocionalmente intenso— poco se habla de las profesoras de preescolar cuando hacemos remembranzas o agradecimientos. Y eso que ellas conforman el primer gran bloque de formación de cualquier ser humano. Son quienes reciben a un niño todavía asombrado por el mundo, llorando a veces, aferrado a la mano de su mamá o su papá, y comienzan a enseñarle las primeras formas de convivencia, lenguaje, juego, atención y afecto.
Todavía recuerdo mi llegada al jardín infantil “Jean Piaget”, el de la "seño" Carmen, en el año 1983: aquellos cinco salones llenos de niños y niñas jugando, cantando, corriendo, algunos siendo llamados al orden por ese comportamiento inquieto tan propio de la infancia, y otros concentrados armando figuras con el armatodo. Lo curioso es que varias de las compañeritas que jugaban conmigo el armatodo siguen siendo, 46 años después, amigas y hermanas de la vida. Así de poderosos son los primeros vínculos que nacen en esos espacios donde una profesora no solo enseña colores o vocales, sino también humanidad.
Después vino el colegio. La primaria de las profes “de........
