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No basta con una mujer en la mesa

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20.04.2026

Durante años, hemos celebrado como avance que haya una mujer en las salas de juntas. Pero pocas veces nos detenemos a entender lo que realmente implica ocupar ese lugar.

(Le puede interesar: La brecha que no podemos dejar de ver: ¿qué le estamos diciendo a la generación Z?).

A lo largo de mi carrera, he estado en muchas reuniones donde era la única mujer. Y aunque ese espacio representa un logro, también conlleva una carga silenciosa.

No se trata solo de estar. Se trata de lo que significa estar.

Muchas veces implica prepararse más, intervenir con mayor intención y sostener puntos de vista distintos en entornos poco diversos. No porque alguien lo exija abiertamente, sino porque las dinámicas que dominan esas conversaciones han sido históricamente homogéneas.

Ser la única mujer en la mesa implica, en la práctica, abrir camino, cuestionar lo establecido, ampliar conversaciones y hacerlo sin perder autenticidad. Ese esfuerzo adicional no aparece en ningún indicador, pero sí influye en cómo participamos, cómo lideramos y cómo se toman decisiones.

Cuando hay mesas de trabajo diversas, ganan las organizaciones, los equipos y, sobre todo, la calidad de las decisiones que se toman.

Ahora bien, vale la pena hacerse una pregunta incómoda: ¿es realmente un costo? ¿O es una carga que, bien gestionada, puede convertirse en una oportunidad?

Cuando se lidera con conciencia, esa diferencia se transforma en valor, en la capacidad de ver lo que otros no ven, de enriquecer discusiones y de impulsar mejores decisiones. La diversidad deja de ser un concepto aspiracional y se convierte en una ventaja competitiva.

Pero este no puede ser solo un esfuerzo individual.

El verdadero cambio ocurre cuando las organizaciones dejan de celebrar la excepción y empiezan a construir diversidad real. Cuando ya no hay una sola voz distinta, sino múltiples perspectivas que elevan la conversación.

Porque no se trata de tener una mujer en la mesa. Se trata de cambiar la mesa. Y cuando eso sucede, no solo gana la diversidad y el impacto de las mujeres: ganan las organizaciones, los equipos y, sobre todo, la calidad de las decisiones que se toman.

* Vanessa Spicker Pereira - Líder de Ecolab para las Divisiones de Refinería & Industria Pesada para Latinoamérica - Women In Connection

(Lea todas las columnas de Women in Connection en EL TIEMPO, aquí)


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