Café cascarrabias
Algo por dentro lo dominaba: hablaba rápido, acelerado, agitado, con la mandíbula tensa, mentón exageradamente alto, cabeza hacia atrás, pierna cruzada, ademanes amplios, boca tirante, mirada china, expresión rígida y una antipatía que no podía ocultar. ¿Por qué tenía tanta rabia Sergio Fajardo en ese café con Paloma Valencia?
Ella, por el contrario, habitaba otro espacio y se movía en otra galaxia: postura abierta, torso inclinado hacia adelante, voz pausada, tono amable, gestos suaves, mirada afable, actitud humilde y guantes de seda para responder a los embates. Como si fuera ella la del 2 por ciento en las encuestas, la que estuviera a punto de chamuscarse en la primera vuelta, la próxima a cumplir 70 primaveras, la que camina hacia el final de su carrera, la que acumula una seguidilla de tres campañas fallidas para llegar a la presidencia.
Apertura mental de Paloma que contrastó brutalmente con la inflexibilidad de Fajardo: anclado al mismo discurso de siempre, repitiendo la misma versión como disco rayado, intransigente en sus axiomas, testarudo en sus teoremas, cerrado en sus opiniones, inmerso en el mismo........
