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El día en que Habermas murió

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22.03.2026

Nació con labio leporino. No podía hablar. Tuvo que ser sometido a numerosas operaciones antes de poder expresarse como los demás. A los cinco años todavía no se hacía entender, algo que instaló en él una obsesión por el lenguaje que habría de acompañarlo toda su vida y, también, le generó una desconfianza hacia la oralidad, así como una preferencia por la palabra escrita.

La noticia de su muerte me tomó por sorpresa, confieso, no sin algo de vergüenza, porque creía que ya había muerto. Y es que cuando era estudiante universitaria Jürgen Habermas ya era el filósofo vivo que había que leer. Había que leerlo porque fue el gran pensador sobre la modernidad, la democracia, la Unión Europea, el Estado social de derecho, la religión y las libertades individuales.

Antinazi por excelencia, era un adolescente cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Le causó estupor pensar que fue su propio pueblo alemán el monstruo detrás del Holocausto. Fue quizá desde entonces........

© El Tiempo