El primer milagro del nuevo gobierno
Hay sismos que no solo rompen la tierra: destapan el cadáver que un gobierno dejó pudriéndose bajo la alfombra. El terremoto reciente no fue solo un movimiento tectónico. Fue el primer espejo despiadado de la eficacia del nuevo poder y del desastre que Petro legó. La maquinaria de gestión del riesgo que entregó estaba carcomida hasta el hueso por la corrupción y la incompetencia. La UNGRD no era una entidad debilitada: era el monumento perfecto a cómo se convierte la prevención de desastres en botín.
En La Mojana, durante años, cientos de miles de familias vivieron bajo el agua mientras los contratos de Caregato se firmaban, se cuestionaban, se terminaban unilateralmente y se volvían a firmar. Recursos que debían cerrar un boquete y salvar cosechas y viviendas terminaron en sobornos, en obras que nunca resolvieron nada y en la confesión pública de un director de la propia UNGRD: “Las inversiones en La Mojana se las han robado siempre, y en este gobierno también pasó”. Petro hablaba de “gobierno de la vida”. Mientras la vida se........
