¡Primero hay que crearla!
En Colombia nos encanta hablar de cómo repartir la riqueza, pero muy poco de cómo crearla. El hueco fiscal que hoy tenemos, y que recibirá el próximo gobierno, debería ser suficiente para entender que el flujo de recursos obtenido de la extracción abusiva a las clases medias y a los empresarios ordeñados a dos manos, más pronto que tarde, se agota.
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La discusión pública está llena de promesas sobre subsidios, transferencias y programas sociales. Casi todos los candidatos presidenciales tienen algo que decir sobre cómo repartir mejor lo que hay. Pero sorprende lo poco que oímos sobre cómo lograr que haya más riqueza, más empresas, más inversión y más empleo.
Por eso resultó tan refrescante el discurso de David Vélez al recibir el premio Empresario del Año del diario La República. El creador de Nu Bank dijo algo simple, directo y profundamente provocador. “1.500 millones de personas salieron de la miseria en apenas 35 años. ¿Cuál fue el motor? No fue un plan quinquenal, no fue un ministerio de planificación, no fue la redistribución de la riqueza existente; fue la creación de riqueza nueva a través de comercio, innovación, emprendimiento, mercados abiertos. Fueron miles de millones de personas tomando decisiones libres. El común denominador fue el sector privado operando en un marco institucional y sólido, el que generó prosperidad”.
No es una consigna ideológica. Es una constatación histórica. Estados Unidos no se convirtió en potencia porque el Estado redistribuyera riqueza. Se convirtió en potencia porque creó las condiciones para que millones de personas pudieran crear empresas. Corea del Sur no salió de la pobreza repartiendo escasez. Lo hizo apostándoles a empresas capaces de conquistar mercados globales. Irlanda no transformó su economía combatiendo el capital. La transformó atrayéndolo.
Colombia, en cambio, sigue atrapada en una discusión que parece del siglo pasado: cómo repartir mejor lo que existe, en lugar de preguntarse cómo multiplicarlo. El discurso de Vélez termina siendo, sin proponérselo, una conversación pendiente con quienes hoy aspiran a gobernar este país.
Porque gobernar no consiste únicamente en prometer más gasto social. Gobernar consiste, sobre todo, en crear las condiciones para que haya riqueza suficiente que sostenga ese gasto social.
No hay política social sostenible sin crecimiento económico y no hay crecimiento económico sin empresa privada.
La pregunta para los candidatos presidenciales es: ¿van a gobernar para liberar el potencial productivo de Colombia o para seguir administrándolo con sospecha? ¿Van a facilitar que más colombianos emprendan o van a seguir multiplicando regulaciones, permisos y trámites que convierten cada idea empresarial en una carrera de obstáculos?
¿Van a ver al sector privado como aliado del desarrollo o como adversario ideológico?
La evidencia es clara. Cada vez que Colombia ha avanzado –cuando se abrieron sectores a la competencia, cuando llegaron nuevas inversiones, cuando aparecieron empresas capaces de innovar–, el país creció.
Y cada vez que nos hemos frenado, casi siempre ha sido por lo contrario: exceso de desconfianza, exceso de burocracia, exceso de Estado intentando dirigir lo que debería permitir.
El verdadero debate económico del país no debería ser cuánto redistribuir. Debería ser cómo crear más riqueza, porque al final la ecuación es sencilla: no hay política social sostenible sin crecimiento económico, y no hay crecimiento económico sin empresa privada.
Quizás por eso la frase más poderosa del discurso de David Vélez no haya sido sobre tecnología ni sobre banca digital; fue sobre Colombia: un país con un potencial extraordinario, que todavía está esperando ser liberado. Ese es el verdadero tema de conversación, no la supuesta ideología de género o si estamos preparados para una mujer en la Presidencia o si nos cae mal el de al lado. Para repartir riqueza, ¡primero hay que crearla!
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