La política y la guerra
En tiempos de campaña electoral, cuando el ruido de las consignas y la ansiedad por el poder ocupan el espacio público, conviene recordar una distinción fundamental: la política y la guerra no son lo mismo. Confundirlas no es un simple error retórico; es una desviación peligrosa que erosiona las bases mismas de la vida democrática.
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La política, en su sentido más noble, es el arte de tramitar los conflictos sin destruir al adversario. Supone reconocer que la sociedad está hecha de diferencias legítimas y que gobernar implica construir acuerdos, establecer reglas y garantizar que esas diferencias puedan coexistir. La guerra, en cambio, parte de una lógica radicalmente opuesta: no busca tramitar el conflicto sino aniquilarlo, eliminar al otro, reducirlo al silencio o a la inexistencia.
Cuando una campaña presidencial adopta el lenguaje de la guerra –cuando convierte al contradictor en enemigo, cuando exalta el miedo, cuando insinúa que el país está al borde del abismo si “el otro”........
