Más doctores, menos ciudadanos
Colombia debe ser el país en el mundo con más doctores, candidata a premio Guinness. Veámoslo de otra manera: ¿por qué un título académico se vuelve social o la más rimbombante palabreja de los medios para nombrar a un sujeto con algún poder? Nada más presenciar a guerrilleros en el Senado ser nombrados así: “Dr. Timochenko”; ¿cuántos doctores nacieron luego de las consultas pasadas y así una indígena y otros triunfadores son ahora doctores instantáneos?
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¿Qué vergüenzas oculta esa doctoritis? ¿Cuál es la relación entre políticos, medios y poder? Ahí tenemos a una joven funcionaria que en cambio de estudiar de verdad se inventó un título, lo falsificó, y ahora es candidata, pero para la cárcel; su delito: querer ser doctora sin estudiar. Muchas y muchos... políticos dicen empinados que son doctores, porque quizá posean un simple diploma, una constancia de asistencia a un seminario de tres días. Nuestro Presidente afirmó que era doctor, cuando en realidad no ha logrado demostrar ni siquiera que tiene un grado universitario (“que lo muestre”, pide el público). Una alcaldesa de la capital dijo que era doctora, nada menos que de Columbia (¡oh, Dios!)... ¿habla inglés? Eso no se vio en ruedas de medios de esa nación... Bien sabemos quienes hemos tenido la experiencia lo exigente de un doctorado en USA: difícil que un político de profesión posea el tiempo y la paciencia para sacar un doctorado, escribir una tesis y defenderla (y que quede registro) ante un jurado implacable; son 6-8 años, ¿de dónde los sacan?
Me atrevo a proponer una regla de tres: entre más doctores de mentiras, menos ciudadanos verdaderos.
¿Este resurgimiento del doctorismo luego de las consultas no es acaso un ardid antidemocrático? ¿No es ello una forma velada de colonialismo en el que el doctor se pone arriba en la escala social? ¿Es una medalla (abusiva) de los medios a los triunfadores? Pero puede darse lo contrario: por ejemplo, la candidata Paloma tiene una maestría en escritura creativa, más honroso que un doctorado ficticio. Maestra Valencia: lo suyo es más relevante que la economía en este momento oscuro del país, cuando la creatividad puede ser la luz que ilumine el túnel.
Me atrevo a proponer una regla de tres: entre más doctores de mentiras, menos ciudadanos verdaderos. Si doctor reemplaza a señor, ¿no es digno en Colombia ser un caballero o una dama?
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