La película del Palacio de Justicia
Nos gustan las películas que no necesitan efectos especiales para hacer vibrar, sino personajes reales atrapados en situaciones imposibles, sin salida, con el reloj corriendo. Como los que Ricardo Silva Romero describe en Mural, su reciente trabajo sobre la toma y retoma del Palacio de Justicia en el centro de Bogotá.
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El cine ha desarrollado una gramática para la tragedia. A menudo comienza con la visión del paisaje: la ciudad normal, los personajes en su día a día, la calma que el espectador ya sabe que es engañosa. Luego vienen los detalles: la mano que tiembla, el ojo que intuye, el segundo antes de que todo cambie.
Con una precisión que intimida, el escritor bogotano construye una arquitectura donde vemos lo que ocurre dentro de cada persona mientras el país se quema. El propio texto lo anuncia desde sus primeras páginas, con una transparencia que es casi un manifiesto: “Si uno se fija como una cámara que va del primer plano al plano general, nota que nada, salvo el cielo, es indiferente a lo que viene.” No es una metáfora; es su método.
El narrador, que escribió este libro en seis meses, pero sabemos que lo........
