La ciudad que le teme a su noche
Las ciudades que prosperan son las que aprenden a habitar su oscuridad sin entregarse al miedo. Pero eso no ocurre por estos lados. ¿A quién le pertenece Bogotá en la noche? La respuesta, aunque nadie la diga en voz alta, es conocida. Le pertenece al que no tiene otra opción, a quien trabaja turno nocturno en una bodega o en un taxi, al que espera el último bus, al habitante de la calle que la convirtió en su refugio. Y, por supuesto, a los delincuentes que, aunque ya le dejaron de temer a la oscuridad, acechan los barrios cuando se apagan las luces.
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Los demás, quienes pueden elegir, evitan la noche hostil. Ese repliegue colectivo no es un accidente cultural: es la consecuencia acumulada de años de abandono institucional del espacio público nocturno, de muchas ventanas rotas visibles que producen desorden.
La noche bogotana es una vitrina agrietada. Solo el 8 por ciento de las empresas operan en horario nocturno, según la ‘Encuesta de demanda laboral 2026’ de la Alcaldía. Ese........
