Soy therian
Los jóvenes permeados por una cultura capitalista que los necesita continuamente poniéndose etiquetas para que ellos mismos hagan el trabajo de segmentación de mercado, han creado subculturas, orientaciones sexuales, identidades de género, trastornos psicológicos vueltos personalidades y, recientemente, formas de vida particulares. Muchos de ellos resultan difíciles de explicar. Por ejemplo, los demisexuales son personas “carentes de deseo sexual” para encuentros esporádicos que deben conocer a la persona con la que deciden intimar. Decirlo así suena a lo que han hecho muchos durante toda su vida.
Lo preocupante de esta sobreetiquetación no es que determine los modos de vida que cada cual tiene, sino que ahora tenemos gobiernos que están abiertos a aceptar sin cuestionar esa diversidad porque temen a la cancelación por intolerancia. La semana pasada se hizo viral un encuentro de therians, jóvenes que se sienten conectados psicológica y espiritualmente con los animales, se disfrazan de ellos y actúan como ellos. Fue cuestión de minutos para que se organizaran encuentros en varias universidades y ciudades. Algunos ofrecieron brindar atención y ayuda, por ejemplo, por el alcalde de Cartagena; otros sirvieron para promover discursos de odio contra la comunidad trans y otras identidades que en el pasado han reclamado derechos.
Pero detengámonos, ¿por qué los jóvenes quieren ser animales salvajes? Según Margarita Mantilla, socióloga y activista feminista, estas identidades y su proliferación a través de redes sociales “puede atender a la necesidad de identificarse con algo que les dé más plenitud y paz en un mundo lleno de crueldad, guerra e injusticia”. Sin duda, debo afirmar que ser humano últimamente se siente agotador. Debes tener vivienda, estudio, familia, amigos y trabajo; estar conectados a una realidad virtual y actualizados para opinar de todo; sostener un sistema pensional piramidal o la preocupación internacional. Entonces, ¿por qué no mejor ser un animal como Diógenes de Sínope e ignorar todas las construcciones sociales para vivir bajo el impulso de los deseos y enfocados en la solvencia de las necesidades biológicas más básicas?
Lo preocupante de esta sobreetiquetación no es que determine los modos de vida que cada cual tiene, sino que ahora tenemos gobiernos que están abiertos a aceptar sin cuestionar esa diversidad porque temen a la cancelación por intolerancia
En primer lugar, debo afirmar que ninguna causa identitaria (raza-etnia, orientación, expresión, animalidad, problemas psicológicos) me parece que merezca regulación o gerencia-legislación del Estado. Sin duda, podemos abogar por visibilizarlas, por brindar herramientas desde la ciencia o la psicología que disminuyan las brechas, pero cuando los gobiernos eligen rendir pleitesía a tantas minorías, se quedan sin norte.
Por eso, siempre estuve en contra del Ministerio de la Igualdad y de la lucha desde las diversidades, pues se apoyan en la discriminación positiva para crear una falsa equidad entre las personas, mientras descuidan que la gente tiene que entender que la normalidad no es una imposición, sino una necesidad.
A todos nos cuesta, poco o mucho, esa normalidad, pero todos debemos apostar por lograrla porque es la única forma de vivir en sociedad bajo normas básicas de respeto. Hay que trabajar por un mundo con menos presiones para los jóvenes, con más ayudas para poder cumplir tanta imposición, regulando el uso de redes sociales que minan nuestra salud mental. Pero nosotros también tenemos que dejar de buscar la forma de habitar la diferencia para evitar ser adultos. Si bien no estoy dispuesto a ser un therian ni a acolitar esas prácticas, tampoco estoy dispuesto a que la violencia nos nuble al punto de decir que unos jóvenes que quieren evadir la realidad y sus responsabilidades disfrazándose de animales deben ser apedreados, segregados o discriminados. Eso sería alejarlos cada vez más de la normalidad a la que necesitamos que se sumen.
ALEJANDRO HIGUERA SOTOMAYOR
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