Polifonías iraníes frente al efecto deshumanizador del binarismo geopolítico
Opinión Polifonías iraníes frente al efecto deshumanizador del binarismo geopolítico
Es 28 de febrero de 2026, el día ha comenzado con el ataque unilateral de Israel y Estados Unidos contra Irán. Las bombas caen sobre la capital del país y dejan numerosas víctimas. Entre ellas más de cien niñas, alumnas de una escuela primaria, y también el ayatolá Ali Jameiní, quien es asesinando junto a varios miembros de su familia. Desde el principio, la guerra muestra una doble característica que parece distinguir las ofensivas iniciadas tras octubre de 2023: una gran precisión en algunos de sus objetivos, con la ejecución a distancia de líderes políticos y militares rivales, y un gran desprecio por la vida humana y por la infraestructura social y civil del país, con una masacre en un colegio.
Horas después, en respuesta a la agresión, cientos de iraníes se concentran frente al ayuntamiento de los Ángeles, exigiendo que se detenga la guerra contra su pueblo. Mientras, al otro lado de la ciudad, en un barrio del Oeste conocido como “Tehrangeles”, ondean banderas del Irán previas a la revolución de 1979, en las que se distinguen el león y el sol que las caracteriza. Banderas estadounidenses e incluso israelíes se mezclan en las celebraciones ante el ataque a Irán y el asesinato de Jameneí. En este distrito, en el que vive una parte considerable de la diáspora, los múltiples negocios muestran su apoyo al Sha y su repulsa al ya finado líder supremo.
En solo una ciudad, dos manifestaciones muestran dos posturas que genera fuertes tensiones entre una diáspora que comparte su aversión al gobierno iraní pero que difiere notablemente en su actitud ante la guerra y su visión de futuro para el país. Si bien las imágenes de celebraciones a raíz de la intervención han gozado de visibilidad en redes sociales y medios de comunicación, la respuesta de la diáspora y la población en el país es diversa, como recuerdan múltiples activistas, frente a quienes pretenden mostrar a los iraníes del exterior como un bloque monolítico. “Las imágenes de la destrucción y el apoyo tan entusiasta que algunos dan a la idea de la guerra se han convertido en una fuente de tensión mayor de la que solemos tener en la diáspora”, explicaba Abbas Milani, director de estudios iraníes en la Universidad de Stanford, ante un medio local en referencia a las movilizaciones en los Ángeles y otras ciudades.
Allá donde confluye la deshumanización
Una diversidad que llega mucho más lejos de lo que los medios de comunicación parecen dispuestos a cubrir, o la mirada occidental estaría abierta a comprender, denuncian los movimientos iraníes. En una entrevista a anarquistas del país en enero, cuando ya se intuían los tambores de la guerra, estos se centraban en la transversalidad de las movilizaciones populares que se estaban dando en el país, protestas que, señalaban, habían comenzado como una respuesta ante el coste insostenible de la vida.
Una sentada pacífica por parte de los comerciantes del bazar, especialmente castigados por la inflación, que fue duramente reprimida, fue la chispa que encendió las movilizaciones. “Estas protestas son completamente espontáneas y autogestionadas, no hay liderazgo, no hay una facción política que las esté dirigiendo, no hay un comando central dando órdenes. Esto es rabia emergiendo directamente desde abajo”, decían los entrevistados, antes de denunciar cómo los monárquicos que apoyan a Reza Pahlavi intentaban aprovechar esas movilizaciones horizontales para capitalizar la situación, dado que la represión del régimen ha aniquilado durante décadas cualquier oposición interna. “Inyectan slogans como ‘Larga vida al Sha’, en un esfuerzo de dirigir las protestas hacia la restauración de otra dictadura autoritaria”, denunciaban, señalando un cambio de método, del uso del sanguinario servicio de inteligencia conocido como el SAVAK, a las “sonrisas diplomáticas y promesas vacías” actuales.
“La exigencia por estabilidad económica evolucionó rápidamente en la exigencia política de emancipación y libertad”
Aún conscientes de la manipulación que algunos elementos de la diáspora hicieron del ciclo de protestas del pasado enero para apuntalar la agenda de restauración monárquica, el Frente Anarquista se unía a muchos otros críticos iraníes ante lo que consideran diagnósticos simplistas, basados en la lógica amigo-enemigo, que para distanciarse de la órbita de Pahlevi acabarían ensalzando al régimen iraní: Así mostraba un activista su decepción, en un grupo de Telegram del colectivo anarquista, al ver a manifestantes contra la guerra ondear la actual bandera iraní. “Este signo pertenece principalmente a un gobierno chií musulmán que es un sistema teocrático totalitario. Este gobierno suprime y mata a manifestantes por exigir derechos básicos”, se indignaba.
En un análisis publicado en The Conversation, la socióloga Shirin Khayambashi, denunciaba el análisis binario que tachaba a quienes se manifestaron en enero, de funcionar como una herramienta al servicio de intereses extranjeros. Una idea,........
